Porque este es un año de Fe, este es un año para creerle al Señor, para saber que Dios es más poderoso que las circunstancias, que Dios es más poderoso aún que nuestra incapacidad, nuestros errores, nuestros defectos, nuestros pecados. La Fe vence, la Fe hace que se muevan montañas, la Fe quita los obstáculos, la Fe es la gasolina que hace posible el mover el vehículo del hijo o la hija de Dios.
Hace poco salió una noticia en Londres, un médico se murió -ya anciano- y cuando los descendientes de él fueron a limpiar el garaje -que estaba lleno de cachivaches y todo eso- descubrieron un carro que valía como 5 millones de dólares, una antigüedad. Creo que era un modelo de Rolls Royce muy antiguo, como de los años 30 por ahí… 37… 40, por ahí. Muy antiguo, en impecables condiciones, pero lleno de polvo. Y cuando lo llevaron a la subasta 4 millones y pico de dólares consiguió. Pero este hombre lo tenía allí metido en el garaje, no lo usó.
¿Y qué pasa muchas veces? ¿Que así pasa con nuestra Fe y con las promesas de Dios? Están allí encerradas, pero muchos de nosotros ni siquiera leemos la Biblia a veces y si la leemos, la leemos en una forma pasiva en vez de entrar en lucha con ella y sacarle sus nutrientes y ponerlos en práctica.
Y la fe es lo que hace posible que se mueva el vehículo de Dios, el creerle a Dios, el ponerle pies y manos y acción a las promesas de Dios, a la Palabra de Dios. Por eso tenemos que decir: “Señor, activa mi Fe. Hazme cada día un hombre, una mujer de fe, que se atreva y que ponga en movimiento la maquinaria de Dios”.






